Hay una cosa más importante que los 215€ que saqué vaciando mi habitación. Y no la vi al principio.
Durante años tuve cosas en mi armario que para mí no valían nada. Y resulta que algunas valían bastante.
La lista de cosas que me equivoqué
- Los libros de aprender a leer: pensaba que solo servían para tirar. 60€.
- El portátil de 2010 que no encendía: para mí era chatarra. 70€.
- Ropa pequeña: iba directa a la basura. 30€.
- Superthings sueltos en una caja: "pues eso ya no lo quiere nadie". 55€.
Todo eso llevaba años parado. Nadie lo usaba. Nadie lo miraba. Para mí ya no existía.
La regla que yo estaba aplicando sin darme cuenta
Si yo no lo uso → no vale nada.
Dicho así suena raro. Pero creo que es lo que hago todo el rato. Si algo ya no tiene sentido para mí, le pongo valor cero. Como si el valor fuera una cosa que depende solo de mí.
Y no lo es.
Lo que aprendí
El valor de una cosa no lo pone el que la tiene. Lo pone el que la quiere.
Para mí, un libro infantil es algo que ya pasé. Para un padre con un niño de 5 años que acaba de estropear el suyo, ese mismo libro vale 10€ hoy mismo.
El portátil que para mí es basura, para alguien que aprende a reparar ordenadores es una pieza útil por 70€.
Mi problema no era que las cosas no tuvieran valor. Era que yo no podía verlo porque lo estaba mirando desde mi cabeza.
Dónde más me pasa esto
Cuando empecé a pensarlo, no era solo con las cosas. Lo hago con más temas:
- Pienso que mis apuntes del cole no valen para nadie, pero un compañero que ha faltado me los pide.
- Pienso que una idea que a mí se me ocurre es "evidente". Y luego resulta que al compañero no se le había ocurrido.
- Pienso que mi padre exagera cuando se emociona con algo que yo no le veo la gracia. Y luego yo tampoco se la veía a lo que ganó 70€ hace dos semanas.
Lo que me queda
Antes de decidir que algo no vale nada, vale la pena parar y pensar: ¿no vale para mí, o no vale para nadie?
Son dos cosas muy distintas.
Y casi siempre, cuando algo me parece que "no vale", es solo lo primero.