Cuando mi padre me enseñó el fondo que me abrió en 2018, me puse a pensar una cosa.
En 2018, meter 300€ en un fondo para un niño de 5 años no parece gran cosa. Es poco dinero. No sabes cómo te va a ir el año que viene. No sabes si vas a seguir metiendo. Nadie te felicitaría por esa decisión.
Pero ocho años después, la decisión ha cambiado por completo la historia.
La decisión no fue el cuánto. Fue el cuándo.
Le pregunté a mi padre: "¿por qué no esperaste a que yo fuera un poco más mayor, o a tener más dinero para meter más?"
Me dio una respuesta que no se me ha olvidado:
"Porque lo que más vale en esto no es el dinero que metes. Es los años que pasa el dinero dentro."
Al principio no lo entendí bien. Pero luego hice la cuenta con él.
La cuenta que me abrió los ojos
Si mi padre hubiera esperado a que yo tuviera 18 años para empezar, y hubiera metido el doble cada año (600€ en vez de 300€)...
...no llegaríamos al mismo sitio.
Faltarían los años que el dinero ha estado trabajando. Esos años no se recuperan con más aportación. Son irremplazables.
Es como si yo plantara un árbol hoy y otro dentro de 10 años. Aunque al segundo le eche el doble de agua, el primero siempre será más grande porque empezó antes.
Lo que me hace pensar esto
Casi todas las decisiones importantes de la vida se parecen a esto. Lo que cuenta no es lo grande que actúes. Es cuándo empiezas.
- El que empieza a hacer deporte a los 13 años, a los 30 le sale natural. El que empieza a los 30, sufre.
- El que empieza a escribir a los 13, a los 20 escribe bien. El que lo intenta a los 30 empezando de cero, tarda más.
- El que aprende a ahorrar de pequeño, aunque sean 20€, con 40 años ya lo tiene metido en el cuerpo. El que nunca lo hizo, no se convierte de repente en ahorrador.
Empezar pronto, aunque sea mal, aunque sea poco, bate empezar tarde aunque sea mejor y aunque sea más.
La parte difícil
Lo difícil de esto es que cuando estás empezando no se nota nada.
Mi padre en 2018 metía 300€ y no veía ningún cambio. El primer año el fondo subió o bajó un poco, da igual. El segundo año tampoco. El tercero casi nada.
Los efectos solo aparecen tarde, cuando ya llevas años. Por eso casi nadie lo hace: tiene que confiar en que algo va a pasar aunque no lo vea.
Lo que me llevo a los 13
No puedo volver atrás y empezar antes de los 5 años (mi padre lo hizo por mí, gracias). Pero lo que sí puedo hacer es no esperar a "cuando sea mayor" para empezar cosas.
Escribir en este blog, por ejemplo. No lo hago porque esté seguro de que va a salir bien. Lo hago porque cuanto antes empiece, más tiempo tiene para convertirse en algo.
Y si no se convierte en nada, al menos habré empezado pronto en una cosa donde otros están esperando.